Unamuno en Gran Canaria: la historia detrás del mirador
El Mirador de Unamuno Artenara es uno de esos lugares donde la isla se explica sola. Don Miguel de Unamuno, escritor y filósofo, llegó a Gran Canaria en el verano de 1910 para presidir un concurso de poesía y quedó prendado del paisaje del interior. Su mirada de pensador del 98 se topó aquí con una geografía que no se parecía a Castilla, y dejó por escrito una imagen de la isla que sigue resonando un siglo después.
El mirador, situado en el municipio de Artenara, lleva su nombre porque desde sus piedras se contempla justo el paisaje que Unamuno describió. Una estatua del escritor, obra del artista Manolo González, se yergue sobre el risco mirando al Roque Bentayga, como si el bronce siguiera pensando lo que el hombre pensó en su día.
Artenara, el municipio en la cumbre
Artenara es el municipio más alto de Gran Canaria. Las casas, muchas de ellas trogloditas (excavadas en la propia roca volcánica), miran al barranco desde una altitud que cambia la percepción del aire. A 1270 metros sobre el nivel del mar, el cielo se abre limpio, las nubes pasan rápido y la temperatura, fresca, recuerda que esto es cumbre y no costa.
Llegar a Artenara desde Las Palmas es subir despacio por carreteras que se enroscan en el paisaje. Una hora larga de coche, curvas, cambios de luz, miradores improvisados cada pocos kilómetros. Y al final del trayecto, una pequeña aldea que conserva el pulso lento del interior canario, lejos del bullicio de la costa sur.
Roque Bentayga, Roque Nublo y el paisaje desde el mirador
Desde el mirador de Unamuno Gran Canaria se ven los dos iconos de la isla. El Roque Bentayga, sagrado para los antiguos canarios, ocupa el primer plano con su silueta de proa. Detrás, recortado contra el horizonte, asoma el Roque Nublo. En días claros, la mirada llega más lejos todavía y se intuye, al fondo, la silueta del Teide flotando sobre el mar.
El paisaje Artenara Gran Canaria que se contempla aquí es geología pura: barrancos esculpidos por el agua, riscos de roca volcánica, pinares de pino canario aferrados a las laderas, una naturaleza exuberante que sobrevive al viento de altura. Es uno de los pocos lugares de la isla donde no se ve el mar, y precisamente esa ausencia recuerda que Gran Canaria es mucho más que costa.
Las palabras de Unamuno sobre la isla
Unamuno dedicó algunas de sus páginas más conocidas al paisaje canario. Sus palabras, escritas tras la visita, siguen funcionando hoy casi como un eslogan turístico de la isla. Esta es la invitación que dejó a quien pasa por aquí:
Los que al cruzar el Atlántico os detengáis un momento en este mesón puesto en una encrucijada de caminos de los pueblos, no dejéis de echar pie a tierra en él y, si disponéis de tiempo, internaos en la isla. No perderéis el tiempo. Os lo aseguro.
Y, mirando el mismo paisaje volcánico que se contempla desde el mirador, escribió esta descripción que se ha vuelto célebre:
Todas aquellas negras murallas de la gran caldera, con sus crestas que parecen almenadas, con sus roques enhiestos, ofrecen el aspecto de una visión dantesca. Es una tremenda tempestad petrificada, una tempestad de fuego, de lava, más que de agua.
Manolo González, autor de la estatua que preside el mirador, lo resumió con una frase sencilla sobre su obra: «es un homenaje a la cumbre de Gran Canaria, una oda al paisaje y un reclamo a contemplarlo a través del personaje». La estatua no posa para el visitante, observa. Y al observar, invita a observar también.
Una sesión de fotos en el Mirador de Unamuno
Como fotógrafos de bodas en Gran Canaria, este mirador es uno de nuestros lugares favoritos para sesiones de pareja, preboda o trash the dress. La sesión de fotos Mirador de Unamuno regala un fondo monumental sin necesidad de caminar mucho: el acceso desde el aparcamiento es corto y los planos importantes se consiguen en quince minutos de paseo por el borde del risco.
La luz funciona mejor a primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no aplasta el barranco, o en la franja final de la tarde, con el Bentayga teñido de naranja. Al mediodía la luz es dura y los contrastes pelean contra el retrato. Si vais a hacer una sesión en este enclave, conviene calcular bien la hora y consultar el parte del viento, porque a esta altura no es raro que sople fuerte.
El paisaje de la cumbre lo hemos cubierto también en otra historia reciente, la boda de Laura en el Parador de Cruz de Tejeda, donde el Roque Nublo y el Bentayga vuelven a aparecer desde otro ángulo. Son dos miradas distintas a un mismo corazón de la isla.
Cómo llegar y cuándo ir
Para llegar al mirador desde Las Palmas, la ruta más cómoda sube por la carretera GC-21 cruzando Teror y Valleseco, y enlaza luego con la GC-150 hacia Artenara. El último tramo está bien indicado. Hay aparcamiento a pocos metros del mirador y el acceso, una vez fuera del coche, es sencillo.
La mejor época para visitarlo va de octubre a mayo, cuando la luz es más limpia y el aire menos polvoriento. En verano puede aparecer la calima, que tiñe el paisaje de un tono ocre interesante para algunas tomas pero complicado para otras. Para fotos de pareja, recomendamos primera hora de la mañana en invierno y la franja del atardecer en verano.
Si os apetece organizar una sesión en este enclave (preboda, retrato de pareja, trash the dress después de la boda), escribidnos y os preparamos la salida con el horario y la luz pensados a vuestra medida: contactadnos.




